Consideraciones éticas para la práctica de la telemedicina en el Perú: desafíos en los tiempos de COVID-19
RESUMEN

La telemedicina tiene un potencial significativo para beneficiar a los pacientes pero también plantea desafíos éticos, lo que podría debilitar la relación médico-paciente. La práctica ética de la telemedicina evita riesgos en la calidad, la seguridad y la continuidad de la atención médica. Este artículo se propone explicar cómo pueden desempeñarse las responsabilidades éticas fundamentales en telemedicina dentro del contexto peruano, en especial durante la actual pandemia por COVID-19. Se analiza los desafíos para la aplicación de la práctica de la telemedicina basada en la evidencia, la necesidad de entrenamiento en telemedicina, y la gestión de conflictos de intereses.

ABSTRACT

Telemedicine has significant potential for the benefit of patients, but it also poses ethical challenges which could weaken the doctor-patient relationship. The ethical practice of telemedicine prevents risks related to the quality, safety and continuity of medical care. The purpose of the study was to describe the way in which the fundamental ethical responsibilities in the field of telemedicine are complied with in the Peruvian context, particularly during the current COVID-19 pandemic. An analysis is conducted of the challenges faced by evidence-based telemedicine practice, the need for training in telemedicine, and the management of conflicts of interest.

Palabras clave:
    • Telemedicina;
    • Tecnología de la Información;
    • ética;
    • profesionalismo;
    • Perú.
Key words:
    • Telemedicine;
    • information technology;
    • ethics;
    • professionalism;
    • Peru.

Introducción

Una noción de telemedicina es la de “medicina a distancia” que cubre toda la gama de actividades médicas.1) Es importante comprender que la telemedicina es un proceso, no una tecnología. Sin embargo, este proceso ha sido más factible en los últimos años como resultado de los avances tecnológicos.2 Existen más de 100 definiciones de telemedicina. La definición adoptada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue: la prestación de servicios de atención de la salud, donde la distancia es un factor crítico, por los proveedores de la salud que utilizan tecnologías de la información y de la comunicación para el intercambio de información válida para el diagnóstico, tratamiento y prevención de enfermedades y lesiones, así como para la investigación y la evaluación, y para la formación continuada de los profesionales de la salud, todo con el fin de mejorar la salud de los individuos y sus comunidades.3,4 La misma definición luego sería adoptada también para definir la telesalud.4

La telesalud refleja una perspectiva más amplia sobre el mantenimiento de la salud debido a una mayor conciencia de los factores ambientales y de comportamiento, así como la inclusión de otras profesiones de salud en el proceso de atención.2,4 El término telesalud es, en parte, una forma de corrección política en el discurso moderno, al ser una nomenclatura más inclusiva.2

La telemedicina tiene un potencial significativo para beneficiar a los pacientes, pero también plantea desafíos éticos,5 ya que podría crear nuevos riesgos para la calidad, la seguridad y la continuidad de la atención, lo que podría debilitar la relación médico-paciente. La práctica de la medicina es inherentemente una actividad moral, fundada en un "pacto de confianza" entre el paciente y el médico.5 Si bien siguen surgiendo nuevas tecnologías y nuevos modelos de atención, las responsabilidades éticas fundamentales de los médicos no cambian.5

La telemedicina ha retomado protagonismo en el contexto actual de la pandemia de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19), esto porque los centros de salud podrían ser fuentes de contagio, especialmente cuando hay escasez de equipos de protección personal, lo cual ha aumentado el interés por los modelos de atención remota en varios países, particularmente por la atención médica mediante videollamada, ya que evita el riesgo de contagio y la propagación de COVID-19.6

En Perú se está observando recientemente un aumento de iniciativas públicas y privadas que buscan ofrecer servicios asistenciales mediante el uso de las tecnologías de información y la comunicación (TIC) que pueden ser controversiales desde un punto de vista ético. El objetivo de este artículo fue explicar cómo pueden desempeñarse las responsabilidades éticas fundamentales en telemedicina dentro del contexto peruano, en especial dentro de la actual pandemia por COVID-19.

Pilares de la práctica médica

Se ha cuestionado la atención mediante telemedicina como acto médico por mucho tiempo y si es que se necesitaba una actualización de este. Sin embargo, tal como concluye un estudio realizado en Chile en relación con esto, una redefinición del acto médico no es necesaria,7 ya que -según las definiciones actuales y sus puntos en común- estas sí pueden estar en su totalidad en una consulta a distancia.7 Por lo tanto, la telemedicina, tanto sincrónica como asincrónica, puede dar lugar a actos médicos hechos de manera no presencial, cuando son correctamente ejecutados y poseen las mismas características de un acto médico presencial. Esto significa el mismo grado de compromiso, responsabilidad, calidad y confidencialidad.7) No obstante, para que esto se cumpla se deben establecer guías éticas.

En el año 2018, la Asociación Médica Mundial (AMM) estableció una serie de normas éticas para el ejercicio de la telemedicina.8) Se hace énfasis en la relación médico-paciente, responsabilidad y autonomía del médico, así como en la calidad de la atención.8 En la misma dirección, la Asociación Médica Americana considera que en cualquier modelo de atención, los pacientes deben poder confiar en que los médicos pondrán el bienestar del paciente por encima de otros intereses (lealtad); proporcionarán atención competente; proporcionarán la información que los pacientes y sus representantes necesitan para tomar decisiones (transparencia); respetarán la privacidad y la confidencialidad del paciente y tomarán medidas para garantizar la continuidad de la atención.5) Por lo tanto, la telemedicina debe enmarcarse dentro de estas cinco pautas éticas, las cuales son los pilares que guían la práctica médica (Fig.).

Pilares éticos que guían la práctica médica.

Fuente: Elaboración propia basada en la Asociación Médica Americana.5

Con fines únicamente didácticos, se utilizan como base estas cinco pautas éticas para desarrollar y explicar mejor las normas establecidas por la AMM, así como los desafíos para su aplicación.

Lealtad

La obligación de poner en primer lugar los intereses de los pacientes requiere que los médicos que participan en actividades de telemedicina tomen medidas para velar por la calidad de la atención, así como para minimizar los conflictos de intereses y los sesgos.5)

La prestación de servicios de telemedicina debe seguir las guías de práctica sobre la base de la evidencia científica para asegurar la seguridad del paciente y la calidad de la atención. Al igual que todas las intervenciones médicas, se debe probar la eficacia y la seguridad de los diversos servicios de telemedicina.8,9 Por lo tanto, ejercer la medicina haciendo uso de las TIC sin un respaldo científico válido debe considerarse no ética porque los beneficios, riesgos y efectos reales no se conocen, y los pacientes pueden estar en desventaja o ser perjudicados, incluso los propios médicos.10

Existe suficiente evidencia sobre la efectividad y los beneficios tangibles de la telemedicina y la telesalud, así como de las guías de implementación.4 No obstante, a nivel internacional son pocas las guías de práctica para situaciones clínicas específicas. Estas no se fundamentan en evidencia de calidad ni tienen recomendaciones sólidas, incluso las guías de la Asociación Americana de Telemedicina.11 Esto es probablemente porque la evidencia existente es aún de calidad moderada12 y porque no fueron elaboradas bajo la metodología recomendada por la OMS, es decir, la metodología GRADE (Grading of Recommendations Assessment, Development and Evaluation).13 Sin embargo, cada vez hay más estudios y revisiones sistemáticas que permitirán una práctica con mayor sustento científico.

En el Perú no existen guías de práctica establecidas, aunque es uno de los países de Sudamérica con más experiencias piloto en telemedicina y telesalud.14) Se requiere de la creación e implementación de guías y vías de práctica como una forma de estandarización y de control de la calidad. Es necesario también la adherencia a la norma ISO/TS 13131 para asegurar la calidad de estos servicios de telemedicina. (15

Es importante que los médicos revelen intereses financieros o de otra índole que puedan influir en sus roles y servicios; y que tomen medidas activas para gestionar o eliminar los conflictos de intereses.5,16 La forma más simple de hacerlo es indicar claramente sus relaciones con todas las personas, compañías y organizaciones involucradas. Esta divulgación puede ocurrir en persona o mediante declaraciones publicadas en línea o impresas.5,16

Las declaraciones claras y abiertas sobre conflictos de intereses ayudan a garantizar que los pacientes reciban una atención objetiva e imparcial.16 La declaración pública es la regla de oro en la gestión de conflicto de interés. Es moralmente muy saludable manifestar los intereses secundarios que podrían afectar la objetividad del juicio profesional. Esto supone la toma de conciencia del potencial sesgo y la intención de prevenirlo ofreciendo su exposición de manera abierta.16 Sin embargo, esta es una práctica poco frecuente en el Perú.

Por un lado, es posible que los conflictos de interés dificulten la implementación y la sostenibilidad de estos servicios de telemedicina, tal como se encontró en un estudio reciente, en el que algunos profesionales del servicio de telemamografría perteneciente a la Red Nacional de Telesalud tenían vinculaciones económicas con otros centros de diagnóstico privados de los que incluso eran propietarios.17

Por otro lado, existen compañías con fines de lucro de “telemedicina directa al consumidor” (TDC) que brindan servicios de telemedicina a pedido del paciente, sin que exista una relación establecida previa y que suelen ser fomentadas por campañas de marketing que también promueven la prescripción innecesaria de medicamentos.18,19) Quienes trabajan para estas compañías podrían promover la sobreutilización de estos servicios motivados únicamente por el lucro.

Por lo tanto, resulta necesaria la visibilidad de los conflictos de interés de forma trasparente, pues permitirá la evaluación y la adopción de acciones adecuadas (sistema de revisión, supervisión, autorización o prohibición).16,17 El normalizar la declaración de los conflictos de interés dentro de la cultura organizacional en salud dentro del Perú es un gran reto, muy necesario para promover la transparencia.

Competencia

La obligación de proporcionar atención competente tiene diferentes implicaciones a lo largo de las continuas interacciones digitales entre médicos y pacientes (o pacientes potenciales).5,8,9,20) Los médicos que brindan teleconsultas tienen mayor responsabilidad. En este contexto, la obligación de competencia requiere que el médico tenga conocimientos y experiencia clínica, así como la capacidad para obtener la información necesaria y ofrecer una recomendación profesional cuando no pueden realizar el examen físico.5,8,9,20

El médico debe ser competente en el uso de las tecnologías pertinentes y sentirse cómodo al utilizar la tecnología para interactuar con los pacientes, reconocer las limitaciones de las tecnologías y tomar las medidas adecuadas para superar esas limitaciones.5,8,9,20 La competencia también incluye la responsabilidad de usar el juicio profesional para determinar qué modalidad de atención es la mejor para un paciente determinado, incluida la determinación de cuándo pasar de la telemedicina a la atención de contacto directo médico-paciente en beneficio de este.5,8,9,20

¿Cuándo la telemedicina no es adecuada? Estas situaciones son aquellas en las que: 1) el paciente tiene necesidades clínicas complejas o requiere tratamientos con mayor riesgo; 2) es imprescindible hacer el examen físico al paciente para la toma de decisión; 3) no se está seguro de la capacidad del paciente para decidir de forma autónoma; 4) es difícil asegurar, por medios remotos, que los pacientes tengan toda la información que desean y necesitan sobre la opción de tratamiento.

Además, el médico debe mantener un registro detallado de las recomendaciones que entrega, así como de la información recibida en la cual basó su recomendación para asegurar la trazabilidad.5,9 La competencia en telemedicina implica entender los potenciales problemas médico-legales, por lo que es imprescindible que los médicos conozcan y se adhieran al cumplimiento de la ley que rige la práctica de la telemedicina en el país donde ejercen la profesión.5,8,9,20 (Cuadro).

Documentos normativos relacionados con la telesalud y la telemedicina en el Perú
Año Documento normativo Nombre de la norma
2005 Decreto Supremos N° 028-2005-MTC Plan Nacional de telesalud
2008 R.M. N° 365-2008, NTS N° 067-MINSA/DG SP-V.01 Norma Técnica de Salud en Telesalud
2016 Ley N° 30421 Ley Marco de Telesalud
2016 Decreto Legislativo N° 1303 Disposiciones para optimizar los procesos vinculados a Telesalud
2017 Resolución Jefatural Nº 231-2017/SIS Directiva Administrativa que regula el Registro de las prestaciones brindadas a asegurados en el marco de Telesalud SIS en IPRESS públicas.
2017 Decreto Supremo Nº 007-2017-SA Reglamento de la Ley del Sistema Nacional de Residentado Médico
2019 Decreto Supremo N° 003-2019-SA Reglamento de la Ley marco de Telesalud
2020 Resolución Ministerial N° 116-2020-MINSA Directiva de Telegestión para la Implementación y Desarrollo de Telesalud.
2020 Resolución Ministerial N° 117-2020-MINSA Directiva Administrativa para la Implementación y Desarrollo de los Servicios de Telemedicina sincrónica y asincrónica.
2020 Resolución Ministerial N° 146-2020-MINSA Directiva Administrativa para la Implementación y Desarrollo de los Servicios de Teleorientación y Telemonitoreo.
2020 Decreto Legislativo N° 1490 Decreto Legislativo que fortalece los alcances de Telesalud.

Los médicos de hoy tienen cada vez mayores habilidades en las TIC, pero la práctica de la telemedicina no es necesariamente intuitiva.20 Pocos cuestionarían la capacidad de conducir una conversación como garantía de destreza para obtener una historia clínica completa.20 De manera similar, no podemos asumir que los médicos brindarán atención telemática de calidad sin una capacitación formal y sistemática.20

En el Perú, desde el año 2017, el Reglamento de la Ley del Sistema Nacional de Residentado Médico dispone que los médicos residentes realicen una rotación en telesalud y telemedicina como parte de su formación.21) Esta disposición legal se ha estado implementando en los programas de residentado. Recientemente, a fines del año 2019, se publicó el documento técnico que establece el perfil de las competencias para el médico peruano.22) Este documento señala la aplicación de la tecnología e innovación como una competencia esencial. Esto implica el manejo de las TIC, incluyendo la telemedicina, por lo que en el corto y mediano plazo se debería incorporar su enseñanza en la formación de pregrado.22

Transparencia y consentimiento informado

Los médicos tienen la responsabilidad de ser transparentes con los pacientes. La transparencia debería ser un principio contante en la medicina; su práctica en telemedicina no es la excepción.5 La transparencia es esencial en tres situaciones: la declaración de conflictos de interés, la presentación de credenciales y la obtención del consentimiento informado.5

La declaración de conflicto de interés busca garantizar que los pacientes reciban una atención objetiva e imparcial.16 Por otra parte, los pacientes deben tener un conocimiento de las credenciales de los médicos que le brindarán el servicio de telemedicina.5 Esto respalda la teleconsulta y genera una mayor confianza en el paciente. En el contexto de la telemedicina, los pacientes deben tener información no solo sobre problemas médicos y opciones de tratamiento, sino también sobre las características distintivas de la telemedicina.5,8,9 En el contexto de una teleconsulta implica obtener el consentimiento informado del paciente para los servicios que se brindan de forma electrónica, previo conocimiento de las limitaciones y riesgos potenciales que implican estas tecnologías.5,8,9

¿Cuáles son las limitaciones y riesgos potenciales que debemos informar? Esto dependerá de cada modalidad y estructura organizativa de cada servicio de telemedicina. Sin embargo, son cuatro las que se deben resaltar. Estas son “las letras pequeñas del contrato” en las que se debe hacer énfasis al momento de informar al paciente: 1) la información obtenida mediante telemedicina puede no ser suficiente para dar lugar a un diagnóstico o tratamiento concluyente; 2) la falta de acceso a una historia clínica completa puede resultar en errores en el criterio médico; 3) no hay garantías de que la teleconsulta eliminará la necesidad de que consulte a un médico o especialista en persona; 4) los protocolos de seguridad podrían fallar y dar lugar a violaciones de privacidad de información confidencial.5,9

Privacidad y confidencialidad

La privacidad se puede definir como el ámbito de la vida personal de una persona, el cual se desarrolla en un espacio reservado y busca mantenerse confidencial. La confidencialidad es una cualidad que impide la divulgación de información a personas, entidades o procesos no autorizados. Existe la necesidad de confianza por parte del paciente y la certeza sobre la confidencialidad del médico como “sine qua non” de la relación médico-paciente. Mantener la privacidad es imperativo pero cada vez es más complejo.5

El infringir el pacto de confidencialidad entre médico-paciente, y por lo tanto la privacidad del paciente, podría tener consecuencias negativas en algunos casos. Las consecuencias pueden ser catastróficas si se revelara el perfil de salud de un paciente; van desde la discriminación hasta el robo de identidad.23 La privacidad y la seguridad de la información médica o de salud se encuentra amenazada, principalmente por intereses económicos de algunas aseguradoras que buscan pagar menos o no pagar atenciones médicas, e incluso incrementar la prima de seguro.23

La seguridad de la información es un conjunto de medidas de​ las organizaciones y sistemas tecnológicos que permiten proteger y resguardar la información con el fin de mantener la confidencialidad, la disponibilidad y la integridad de datos. Estas medidas incluyen: políticas y normas organizativas de la seguridad, clasificación y control de activos, control de accesos, conformidad legal, seguridad ligada a los recursos humanos, seguridad física y ambiental, desarrollo y mantenimiento de sistemas de seguridad, gestión de comunicaciones y operaciones.

Los médicos que brindan servicios de telemedicina deben adherirse a prácticas sólidas de seguridad de la información y deben asegurarse de que los profesionales de la salud que se encuentran en sitios remotos con los que colaboran, así como otros profesionales que brindan soporte tecnológico, hagan lo mismo.5,8,9 Además, deben asegurarse de que los servicios de telemedicina con los que trabajan tengan los protocolos adecuados para evitar el acceso no autorizado y para proteger la seguridad y la integridad de la información del paciente.5,8,9 Los médicos deben alertar a los pacientes o sus representantes en cuanto a que pueden surgir problemas de seguridad y acceso a la información, e informarles de las acciones que se han tomado para proteger la información confidencial.5,8,9

Los ciberataques son cada vez más frecuentes en el sector de la salud; son motivados por intereses económicos, y otros son motivados por intereses políticos, incluso la guerra cibernética.24 Los ataques ransomware pueden detener sistemas de salud completos, como ha ocurrido en los Estados Unidos de América y en el Reino Unido.24,25 En Alemania, en septiembre del año 2020, se reportó por primera vez la muerte de una persona causada directamente por un ciberataque. Esto sucedió cuando los sistemas del hospital (cuidados intensivos), donde se encontraba internada, dejaron de funcionar por un ataque ransomware. Aunque estos escenarios aún no se han observado en el contexto peruano, debemos aprender de otros y no cometer los mismos errores.

La vulnerabilidad de la seguridad responde a puntos de acceso interconectados y de fácil acceso; a sistemas obsoletos y a la falta de énfasis en la seguridad cibernética.24,25) La seguridad de la información, así como la ciberseguridad debe formar parte de la cultura de atención al paciente, de tal forma que los profesionales de la salud actúen como un “firewall humano", que protege la privacidad. Esto requiere que los médicos también tengan entrenamiento en gestión de riesgos, seguridad de la red y estándares de encriptación.24,25

Continuidad de la atención

La continuidad permite la coordinación de la atención al crear las condiciones y las relaciones para respaldar interacciones fluidas entre múltiples proveedores dentro de equipos interdisciplinarios o en diversos sectores de atención médica.26 Se debe fomentar la continuidad en sus cuatro dominios: 1) continuidad interpersonal: experiencia subjetiva de la relación de cuidado entre el médico y el paciente; 2) continuidad longitudinal: una historia de interacción con el mismo médico en una serie de episodios; 3) continuidad informativa: disponibilidad de información clínica y psicosocial en todos los encuentros con médicos u otros profesionales de la salud; IV) continuidad de la gestión: colaboración efectiva de los equipos e instituciones para proporcionar una atención continua.26

El médico debe promover la continuidad de la atención y considerar cómo se puede preservar y acceder a la información para futuros episodios de atención de acuerdo con las preferencias de los pacientes (o las decisiones de sus representantes) y cómo se puede proporcionar atención de seguimiento cuando sea necesario (si la condición médica del paciente lo amerita). Los médicos deben asegurarse de cómo se transmitirá la información a otros médicos que actualmente atienden al paciente.5,6,26 Esto implica vigilar la interoperabilidad entre registros médicos electrónicos y recetas electrónicas, así como trabajar o colaborar con sistemas de atención escalonados que permitan la derivación a servicios de emergencias, servicios quirúrgicos o de hospitalización.

El médico también tiene la responsabilidad de determinar si el paciente o la familia tienen las habilidades necesarias para participar en el plan de atención remota; esto es fundamental en el contexto de la telemedicina,5,6 ya que existen situaciones en las que se puede pedir a los pacientes o a los miembros de su familia que utilicen ciertas tecnologías, por ejemplo, al aprender a usar dispositivos de monitoreo en el hogar. En el Perú existen muchas personas con analfabetismo digital, especialmente personas adultas mayores, por lo que se deber tener especial cuidado.

Telemedicina en el contexto de la COVID-19

La pandemia ha catalizado la rápida adopción de la telemedicina y la telesalud en diversos sistemas de salud, ya que protege activamente a los trabajadores de este sector al reducir las interacciones entre el paciente y el proveedor, lo que minimiza el riesgo de transmisión de la COVID-19.27,28,29,30 Esto toma mayor importancia cuando hay escases de equipos de protección personal. La telemedicina también ayuda a proteger a las personas de alto riesgo (adultos mayores y personas con comorbilidades) al reducir su exposición a hospitales y centros de atención médica que pueden ser frecuentados por infectados con COVID-19.27,28,29,30 Estos servicios permiten a las regiones con número limitado de profesionales de la salud aumentar su acceso a la atención médica.27,28,29,30

La telemedicina, a través de sus diferentes modalidades, resulta ideal para el triaje y monitoreo de pacientes con COVID-19 (casos leves),31 el seguimiento de pacientes con enfermedades crónicas32 y la atención de problemas de salud mental,33 por lo que en países como China, Reino Unido, EE.UU. y Canadá estos servicios de telemedicina se han desplegado a gran escala y han llegado a dar cobertura a un número importante de atenciones médicas.31,32,33,34,35

En América Latina, aunque de forma más limitada, también se están desarrollando múltiples iniciativas, aunque estas necesitaron de cambios en las leyes de su respectivo país para concretarse.36 Tal es el caso de Brasil, que promulgó recientemente (15 de abril de 2020) una ley que permite el uso de la telemedicina durante la emergencia sanitaria por COVID-19. En Uruguay (2 de abril de 2020), de forma similar, se establecieron los lineamientos de la implementación y desarrollo de la telemedicina (Ley N° 19869). En Colombia (12 de abril de 2020) se flexibilizó la reglamentación para la prestación de servicios de telemedicina a través del decreto 538.

El Perú (10 de mayo de 2020) también cambió en su normativa (Decreto Legislativo Nº 1490) para fortalecer sus servicios de telesalud, así como para reglamentar la receta electrónica. De la misma forma, Argentina (26 de marzo de 2020) cambió su reglamentación sobre receta electrónica.36,37 El cambio de la legislación de la telesalud en el Perú marcó un hito debido a que ahora se permite hacer una consulta online entre un profesional de salud y un usuario, situación que era limitada por la Ley Marco de Telesalud y su reglamento.36,37 Lamentablemente, este cambio llegó dos meses después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara el brote de la COVID-19 como pandemia.

Estos cambios normativos, sin lugar a duda, facilitaron la posibilidad de implementar nuevos servicios de telemedicina en todos los niveles de atención y en múltiples modalidades. Sin embargo, para conseguir una adecuada implementación, además de un marco normativo, son necesarios tres elementos clave: infraestructura tecnológica, modelo de financiamiento viable y recurso humano capacitado.4

El recurso humano es probablemente el factor más crítico y donde se encuentra el mayor desafío.4 La actual emergencia sanitaria, debido a la necesidad inmediata, evita que se pueda llevar a efecto una adecuada capacitación del recurso humano para conseguir una atención médica remota de calidad.38) Sin embargo, el primer paso para conseguirlo es actuar de acuerdo con las pautas éticas mostradas en este artículo.

¿Cómo aplicar los pilares éticos en la atención diaria? En el cuadro 2 se desarrolla de forma operativa las pautas a tener presente durante la práctica de una atención médica a través de un servicio de telemedicina sincrónica por videollamada.

Pautas éticas para la práctica de una atención a través de telemedicina sincrónica por videollamada

Fuente: elaboración propia, basada en Muuti et al.38

Discusión

La práctica de la telemedicina lleva por lo menos tres décadas a nivel mundial; sin embargo, esta se está consolidando desde hace menos de diez años en el Perú, por lo que no es totalmente reconocida dentro de los propios médicos. El desconocimiento sobre la telemedicina, así como la falta de directrices éticas y legales claras, podría generar un “mal uso” de las TIC dentro de la práctica médica o temor a su incorporación en la práctica asistencial.

Algunos médicos sienten la preocupación de que con el uso de las TIC se esté erosionando la relación paciente-médico.39 Sin embargo, las TIC pueden optimizar el flujo del trabajo médico -lo que permite revitalizar la relación médico-paciente- y hacer que el acto médico sea más humano y personalizado, pues la tecnología y el cuidado humano no son mutuamente excluyentes; de hecho, pueden ser simbióticos.39 Por lo tanto, los médicos deberían promover el uso de las tecnologías y liderar la transformación digital en medicina y salud; no retrasarla.40

La pandemia de COVID-19 ha catalizado la adopción de la telemedicina en el Perú y este es un primer paso hacia la transformación digital. Sin embargo, se requiere médicos con las competencias suficientes para una atención médica virtual de calidad, así como la formación de especialistas en esta área, es decir, médicos virtualistas.41,42 Es necesario establecer directrices éticas nacionales actualizadas para una correcta integración de las nuevas tecnologías en la práctica médica y afrontar desafíos futuros,8,43 para así evitar consecuencias inesperadas, como el acceso desigual a la telemedicina, lo que ampliaría la brecha en salud entre ricos y pobres.8)

Finalmente, los variados servicios de telemedicina implementados recientemente son un experimento natural en curso que presenta una oportunidad incomparable para desarrollar un camino a seguir basado en la evidencia.43 Las diferentes modalidades de estos servicios requieren más investigación, especialmente mediante ensayos controlados aleatorizados, para brindar recomendaciones sólidas sobre su práctica, así como para estandarizar la atención remota.1,44,45

Consideraciones finales

La telemedicina es un proceso y en consecuencia tiene características propias según la tecnología, la cultura, la normatividad y la política del lugar donde se implementa. Los lineamientos para una práctica ética de la telemedicina están establecidos a nivel internacional, pero la aplicación de estas pautas requiere superar algunos desafíos en el Perú. La práctica ética de la telemedicina podría evitar riesgos en la calidad, la seguridad y la continuidad de la atención médica. Los principios éticos dentro de la telemedicina son los mismos que guían la práctica médica convencional. A través de la transparencia se busca garantizar que los pacientes reciban una atención objetiva e imparcial, así como un real consentimiento informado del paciente. Existen desafíos para la aplicación de las pautas éticas en el Perú, más aún por su rápida adopción dentro de la pandemia de COVID-19. Se necesita establecer directrices éticas para una correcta integración de las nuevas tecnologías en la práctica médica peruana.

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Historial:
  • » Recibido: 04/08/2020
  • » Aceptado: 28/01/2021
  • » Publicado : 15/06/2021


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